viernes, 25 de abril de 2014

El colectivo de las 8:30.

Ella:
Presa de sus hábitos ella convertía cada acción de su vida, que le generara placer, en rutina. Y aquella mañana de mayo, fría como pocas, descubrió su más grande habito y placer, sin siquiera saberlo. Quizás si lo hubiera sospechado antes lo hubiera evitado, no hubiera tomado ese colectivo.
Esa mañana más temprano que de costumbre estuvo en la esquina de su casa esperando el colectivo, cosa rara en ella, como le dacia su hermano cada vez que tenia oportunidad, era “un animal de hábitos”. Subió a aquel colectivo vacío de las 8.30, saludando alegremente al chófer como siempre lo hacía, salvo que esta vez él solo la miro extrañado, “claro, no es el mismo chófer de todas las mañanas” pensó ella. Eso la incomodo 2 segundos y la avergonzó 3 minutos hasta la siguiente parada donde subieron dos señoras que ella no reconoció, lo que era raro. Ella nunca hablaba con nadie en el colectivo pero conocía sus rostros como el suyo propio. Todo era diferente esa mañana.
Como todos los días, saco sus auriculares y puso la misma música que le gustaba escuchar por la mañana. Y se distrajo con la ventana hasta la siguiente parada. Raro, nadie subía en esa parada en el colectivo de las 9, que acostumbraba a tomar. Prestó especial atención por esto. Subió un chico, rubio hasta su cabello facial, mejillas rojas por el frió y anteojos de marco negro resaltando sus ojos celestes. Tuvo que admitirlo, era el más atractivo de todos los seres humanos que estaban en el colectivo de las 8.30. Claro los únicos con los que podía compararlos eran ella misma, dos señoras algo ancianas y un niño de secundaria durmiendo en el fondo. Para ser más justa llego a la conclusión que era el ser humano más atractivo en los 5 kilómetros a la redonda.
Tenía una chaqueta negra que parecía de cuero, pero ella no sabía si era cuero o no, no sabía nada sobre el cuero. Debajo se veía una camisa azul oscuro, una bufanda marrón claro y un gorro haciendo juego. Luego unos jeans, “alguien tendría que tomarse el trabajo de escribir un libro solamente sobre lo bien que le quedan esos jeans” pensó. Unas converses azules y una mochila negra. Listo. Eso era todo, con solo eso, él era dueño del título de “El ser humano más atractivo del colectivo de las 8.30”.
Se sentó (solo un asiento los separaba) y no lo hizo como todas las personas normales lo harían, mirando hacia el frente. Él recostó su espalda en el vidrio de la ventana, con toda su persona mirando hacia el pasillo que formaban los asientos. Por lo que ella podía mirar su perfil sin el mínimo esfuerzo.

***

Él:
Esa mañana hacia tanto frió que se quedo 15 minutos más en la cama. No llegaría tarde pero tampoco con tiempo de sobra como a él le gustaba. Odiaba llegar con el tiempo justo. Le costó tanto abrir los ojos que inclusive considero si tal vez valía la pena unas horas de sueño en su cama calentita y a cambio reprobar por completo su clase.
Ni si quiera tenía ganas de vestirse, ni siquiera tenía ganas de pensar. Tomo la misma camisa del día anterior, y su chaqueta negra que parecía de cuero pero no lo era (pensó que tendría que dejar de usarla pero le encantaba). Estuvo en su parada más tarde de lo que había planeado, hacia tanto frió que tuvo que recurrir a un gorro y una bufanda. Ni siquiera se afeito su barba de 6 días y sumando que su cabello estaba ya muy largo, quizás era lo más desprolijo que jamás anduvo.
Cuando vio el colectivo acercarse miro su reloj: 8.40. Él tomaba todos los días el colectivo de las 8.15, esta vez no tenia que saludar al amigable chófer, por suerte, pensó. Y serian todos rostros nuevos que examinar y adivinar. Él tenía este pequeño juego al que siempre recurría cuando viajaba en colectivo: miraba todos los rostros, sus gestos, a veces cruzaba miradas y trataba de adivinar que hacían, a donde iban, algunas veces sus nombres.
Subió y se sentó como siempre lo hacía, en la parte delantera y en la hilera de la izquierda, donde los asientos eran individuales, recostando su espalda en el vidrio de la ventana cerrada y con sus pies estirados en pasillo. Así de esta manera, era más fácil mirar a sus compañeros pasajeros. Dos señoras en los primero asientos de la derecha, justo a su frente, eran tan fáciles que ni siquiera intento. Un chico con uniforme escolar ocupando dos asientos del fondo, totalmente dormido.
Y luego estaba ella. Mirando por la ventana con auriculares y un gorro rojo. Su cabello marrón caía formando ondas y su nariz estaba tan roja como la de Rudolf en plena noche buena, sus labios estaban quebrados y rojos por el frió. Hizo que él se mordiera sus labios, “eso seguro le duele” pensó.
Ella miraba por la ventana así que no podía ver el color de sus ojos. Marrones pero claros, adivino, avellanas quizás.
Estuvo casi seguro que le llego un mensaje, aun que no escucho sonar su celular, porque ella se sobresalto levemente y bajo su cabeza a su regazo, levantando luego su celular. Cuando termino  con su teléfono levanto la mirada hacia él.
Avellanas, enormes avellanas enmarcadas en enormes pestañas sin maquillaje. Se sintió muy satisfecho al respecto. Cuando sus miradas  se encontraron las mejillas de ella adoptaron casi el mismo rojo de su nariz. “Tiempo fuera” pensó él y aparto la mirada hacia el frente, volviendo con las señoras.

***

Ella:
¡La miro por más de dos minutos! ¡DOS MALDITOS MINUTOS! Eso es casi dos años cuando se refiere a miradas. Tuvo que mirar la ventana casi todo el tiempo. Cuando su cuello comenzó a doler tuvo que fingir que su celular sonó, que le llego un mensaje imaginario y que lo estaba leyendo. Cuando levanto la mirada del teléfono sus miradas se cruzaron.
Los ojos celestes de él justo clavados en los suyos. Fue inevitable, sintió la sangre fluir  en sus mejillas, las sintió arder en el color. Él pareció notarlo porque aparto su mirada.
Ahora lo sabía, mirarlo de frente era mucho mejor que mirar su perfil.
Tamborileaba sus dedos en la parte superior del respaldo de su asiento, el cual solo ocupada para reposar un brazo. Sus manos eran iguales o más atractivas que él. Claro, pensó ella, es una parte del todo. Su mente comenzó a divagar sobre cómo se sentiría sostener esas manos frías. Se pregunto si en realidad estarían frías. A él parecía no importarle el frió, como un ser inmune a el, o al menos a parte de él parecía no importarle. Sus mejillas parecían estar pasándola mal, todas rojas victimas del viento. Pero el resto de él parecía como si no estuviera pasando nada.
Sus manos propias estaban envueltas en unos gruesos guantes y refugiadas en sus bolsillos, aun así tenía miedo de perder un dedo. Él sonrió mirando a las señoras sentadas justo en la hilera de asientos a su frente. Ella no podía ni siquiera imaginarse que estaría cruzando por la cabeza de “el-ser-humano-más-atractivo-del-colectivo-de-las-8.30”.
Se dio cuenta que sus dedos seguían un ritmo, miro sus orejas buscando auriculares, nada. El ritmo estaba en su cabeza. Ella puso pausa a su música y automáticamente escucho el débil barullo de las señoras, que hablaban sobre el precio de los tomates. Sus dedos seguían… “tu tu tutututu”.
Ella quiso saber la canción que estaba atorada en su cerebro. Quiso mirar sus ojos otra vez para decidir si era celestes como el cielo en verano o celestes como el mar de alguna isla paradisíaca. El colectivo giro y el sol de la mañana dio de lleno en su rostro lo que lo que hizo que arrugara su frente.
Sus pestañas, que hasta entonces pasaron sin hacerse notar parecieron tomar de repente todo el protagonismo en su cara. Eran marrones claras casi rubias, de ahí el hecho que no las había notado antes, y tan largas que avergonzarían a cualquier modelo de pestañas, si es que eso existiera.

***

Él:
Marta y María. Estaba ya confirmando los nombres de las señoras. Estaba tan seguro de que las dos eran vecinas que él podía apostar todos sus vídeos juegos en ello. Y podía casi afirmar que se bajarían en el mercado a comprar tomates.
El chico del fondo definitivamente estaba llegando muy tarde a la escuela y estaba seguro que se quedo dormido. Tal como ahora, que estaba casi babeando con su cabeza colgada en una posición muy poco cómoda. Estaba tratando de identificar el uniforme del chico cuando sintió la mirada de ella clavada en él. Se sintió incomodo de repente, se sintió observado. ¿Así se siente cuando te miran fijo? Si era así, definitivamente él ha sido bastante grosero con sus compañeros pasajeros. 
Decidió darle un tiempo para que ella desvíe la mirada y la miro. Como lo espero, ella estaba mirando por la ventana otra vez. Con sus dedos puso algo de cabello detrás de su oreja para luego acomodar su gorro, tenía guantes rojos que combinaban con este a la perfección. Tenía un abrigo azul oscuro que si el sol no estaría donde estaba y si no estuviera dando de lleno en ella, habría pensado que era negro. Gracias al sol también pudo distinguir pecas en sus mejillas, apenas visibles, pero ahí estaban.
De repente algo la sobre salto y esta vez fue más brusco. Miro a su alrededor como si estuviera perdida, miro por la ventana como si no lo estuviera haciendo antes. Estuvo casi seguro que articulo la palabra “mierda” o lo dijo muy bajo, dos veces. Aseguro su bolso y se levanto, sin antes mirarlo. Se miraron por 1 segundo. Él sonrió, no lo pudo evitar. Y como por arte de magia ella estaba roja otra vez. No sonrió, parpadeo con sus enormes ojos y salió despedida hacia la puerta para tocar el timbre. El chófer paro y ella bajo. Él no se contuvo y estiro su cuello para mirarla mientras el colectivo se alejaba de ella. Ella lo miro y como si la hubieran atrapado haciendo algo malo, bajo la mirada desorientada. Su cara estaba tan roca como su gorro y sus guantes.

***

Ella:
Se dio cuenta que estaba agitada porque su aliento se materializaba gracias al frió. Estaba algo desorientada y podía sentir su cara encendida al punto del ardor. Alzo la vista hacia el colectivo, que ya muy lejos para distinguirlo. Se quito los guantes y toco sus mejillas, quizás tenía fiebre, no era normal que ardan tanto.
Trato de pensar con claridad mientras se ponía sus guantes. Trato de quitar la imagen de esa enorme sonrisa de su mente, que la hacía querer contar sus dientes uno por uno y tal vez morder sus cachetes.
No pudo devolverle la sonrisa, la desencajo tanto que se quedo mirándolo, como idiota, como si nunca nadie le había sonreído. Se sintió tan avergonzada y a la vez sonrió como tarada, sola parada en la vereda. “Claro, ahora sonreís” se dijo a sí misma.
Cruzando la calle para entrar a su trabajo y lanzando una ultima mirada a la esquina donde el colectivo se perdió, planeo de la nada, tomar todos los días el colectivo de las 8:30.

***




lunes, 31 de marzo de 2014

Rima LVII - Gustavo Adolfo Bécquer

Yo sé cuál el objeto
De tus suspiros es;
Yo conozco la causa de tu dulce
Secreta languidez.
¿Te ríes?...Algún día
sabrás, niña, por qué:
tú lo sabes apenas
y yo lo sé.

Yo sé cundo tu sueñas,
Y lo que en sueños ves;
Como en un libro puedo lo que callas
En tu frente leer.
¿Te ríes?...Algún día
sabrás, niña, por qué:
tú lo sabes apenas
y yo lo sé.

Yo sé por qué sonríes
Y lloras a la vez.
Yo penetro en los senos misteriosos
De tu alma de mujer.
¿Te ríes?...Algún día
sabrás, niña, por qué:
mientras tu sientes mucho y nada sabes
yo que no siento ya, todo lo sé.

Juan Lopez y John Ward.

Les tocó en suerte una época extraña.
El planeta había sido parcelado en distintos países,
cada uno provisto de lealtades,
de queridas memorias,
de un pasado sin duda heroico,
de derechos,
de agravios,
de una mitología peculiar,
de próceres de bronce,
de aniversarios,
de demagogos y de símbolos.
Esa división, cara a los cartógrafos, auspiciaba las guerras.
López había nacido en la ciudad junto al río inmóvil;
Ward, en las afueras de la ciudad por la que caminó Father Brown.
Había estudiado castellano para leer el Quijote.
El otro profesaba el amor de Conrad,
que le había sido revelado en una aula de la calle Viamonte.
Hubieran sido amigos, pero se vieron una sola vez cara a cara,
en unas islas demasiado famosas,
y cada uno de los dos fue Caín,
y cada uno, Abel.
Los enterraron juntos.
La nieve y la corrupción los conocen.
El hecho que refiero pasó en un tiempo que no podemos entender.

sábado, 7 de septiembre de 2013

Derecho reservado sobre mi "deseo".

Entonces deseamos todo lo que jamas vamos a tener. Necesitamos eso que jamas sera nuestro. Y estamos enamorados de eso que jamas vimos, de eso que jamas tuvimos, que nunca fue nuestro. Entonces ¿como es? Cuando tenemos algo, jamas lo amamos, jamas lo deseamos. No deseamos lo que tenemos y tenemos lo que podemos tener. Y parece que jamas lo que podamos tener se va a igualar a lo que deseamos tener. Deseamos más el deseo de tener "eso" que "eso" en si.
"Eso"... de que manera suspiramos por "eso", cerramos los ojos y acá esta. Tan tocable que daña. Tan presente que duele no poder estirar la mano y tocarlo. Y no, no hablo de un objeto. Nunca es un objeto. Son varios objetos fusionados, formando una situación... y quizás podría sumarle una persona. Todavía no se que es eso que deseo. Eso que deja un vació físico en mi pecho que siento cuando suspiro muy hondo. Se que esta ahí, latente, deseando que lo desee. Y si, claro que lo deseo. Deseo muchas cosas. Desee miles de cosas en mi vida y no, nunca fueron cosas. Quizás una o dos cosas, pero no las desee demasiado.
Deseo y desee mucho tiempo amar y que me amen. Actualmente este deseo en mi es escaso y aparenta no estar. Lamentablemente el mundo parece mas fácil cuando aparentas no querer amor.
¿Verdad? No es conocido entre las mujeres el "ignóralo, vas a ver como te sigue" Si, según alguna infundada ciencia una tiene que NO mostrar interés alguno, así ellos se interesaran. Debemos ser por ende, desinteresadas totalmente en ellos, aparentar cierta soberbia e independencia. Engañarlos totalmente. Enseñarles esta super mujer que no los necesitan ni les importa un bledo sobre ellos. Cuando en realidad esta todo, repito, TODO fría mente calculado. Así que sabelo, vos hombre, si te ignora una mujer pero al mismo tiempo la sorprendes una o dos veces mirándote fijo... probablemente ya este planeado su casamiento y como le quedaría tu apellido a los nombres que ya tiene planeado para sus hijos con vos. Es tu culpa, amigo. La culpa no es del cerdo, sino del que le da de comer. Si, estoy en contra de las mujeres que por alguna, muy poco coherente, idea mienten. Pero ustedes mienten también, nos hacen creer que son perfectos, nos hacen creer que son diferentes del resto, que son la mejor persona en el mundo, cuando sabemos que son solo hombres. Nadie ni hombre ni mujer es perfecto.
Volviendo al tema de lo que "deseamos", siempre desee eso, ser alguien (no una princesa, ni perfecta, ni rubia) solo ser alguien, una mujer amada por un hombre. Que ese hombre me ame por lo que yo era, no por como era. Nunca fui agraciada ni muy femenina entonces necesitaba con urgencia que me amen por el resto, por lo que había dentro. Siempre ame, y nunca lo dije. Siempre quise y desee y nadie se entero. Siempre había un nombre resonando en mis adentros (claro que fueron 2 o 3 enamoramientos idiotas) que jamas los compartí. Amaba estar "enamorada", amaba andar por la vida pensando en alguien y amaba mantenerlo como mi único y más preciado secreto. Secreto y seguro, si no lo compartía jamas nadie me rechazaría.
Era mi"eso", supongo, el deseo de amar. De contar horas y minutos... en fin, de ser una tonta más y enamorada.
¿Que deseo ahora mismo? Lo que deseo hace unos años. Cuando, supongo, mi cabeza asimilo el mundo. Una sola imagen imagino cuando cierro mis ojos. Ahora mismo cierro mis ojos y sonrió atontada porque lo pensé, lo desee tanta veces que es casi real para mi... me traslado...

...Sin abrir los ojos deslizo mi mano por la suave sabana. Y las deslizo más, hasta donde el colchón termina. Y dejo mi mano caer esperando, aun sabiendo que no lo hará, que cuelgue en el común espacio que hay siempre entre una cama y el piso. Pero no lo hace, mi mano aterriza suavemente en el frió piso. Puedo sentir lo acalorado de mi cuerpo en comparación del piso. Siento el duro frió penetrar en mis dedos. Inspiro hondo y escucho. Nada... casi nada. Es raro porque acostumbro dormir con le televisor prendida. Entonces escucho su respiración interrumpir la mía. Entonces fue obvio el porque de mi televisor apagado. Sonrío sin abrir los ojos. Me acomodo y giro mi cuerpo, abro lentamente los ojos y el sol da de lleno. Mis ojos se resisten pero lo vuelvo a intentar. Lo primero que me fuerzo a ver es la ventana, mi enorme ventana consumida en su totalidad por el sol, mostrándome el cielo totalmente despejado. Y la luz que entrando, se veía interrumpida por edificios, más altos y más elegantes. Unos segundos después mi vista capta algo más, algo que, si solo inclino unos centímetros a la izquierda mi cabeza, haría mi vista aun más perfecta. Contemplaría lo que me gustaba pensar, era la perfección, mi perfección. Al hacerlo siento un arrebato de llorar, el que reprimo. El sol que se cuela por la ventana y al rededor de los edificios, dando de lleno en su piel blanca, en sus mejillas coloradas por el mismo sol y en su cabello total y completamente alborotado. Con los brazos apoyados fuera de las sabanas, el sol hace resaltar los tatuajes de su brazo izquierdo. Entonces acaricio su cabello y él sonríe....

..Y allí esta, la perfección, la culmine, la explosión de felicidad, todo lo que deseo ahora mismo, ya. Eso quizás, que me imagino cada vez que puedo, sea lo que pueda quitar el vació. Quizás y quizás no. Y se que jamas lo tendré mas allá de los deseos que tenga o la medida de mis deseos. Jamas sera. Jamas sera mía aquella situación. Y tendré que vivir con eso.


jueves, 5 de septiembre de 2013

(p.d.)

"La mayoría del tiempo me pregunto 
que quieres del mundo.
Y me doy cuenta que probablemente no sea yo. 
Y pienso en todas las diferentes situaciones 
en la vida en la que yo podría estar
sosteniendo tu mano y, sin embargo,
probablemente nunca tendré la oportunidad
de suspirar en a tu oído lo hermosa que
tu mente es para mi.
Y como, cuando tu dices algo,
en mi estomago crece un nudo.
Y como se que que mi manos temblorosas
jamas tocaran tu suave piel.
Y me siento tanto, ridícula y como elevada.
Y yo se que la mitad del tiempo tu me odias
y se que la otra mitad del tiempo tu
deseas entender lo que hay dentro de mio.
Pero solo tengo un corazón vació
y una cabeza llena de pensamientos sobre ti.
Y probablemente tu ni siquiera sabes que
mi respiración cesa ante la sola mención
de tu nombre.
Y más de lo que se es que
tu no imaginas como repito
cada palabra en mi cabeza antes
de hablar contigo.
Yo escribo sobre ti sabiendo
que tu no sabrás que te escribo a ti."

lunes, 2 de septiembre de 2013

Me Gusta.

Me gusta el invierno y los árboles sin hojas, el viento en mi cara, las cosas que brillan y la música en todas sus formas, las letras y el olor que deja la birome sobre el papel, el silencio y el ruido. Me gustan las sonrisas y mirar los ojos, las calles desiertas y las estrellas, la lluvia y una buena película, me gusta leer y cantar (mal), los perfumes y dibujar en el margen de la hoja.
Me gusta ser amiga y ser hermana, el agua y la playa. Estar sola y escuchar reír a mi hermanito; me gusta la poesía y quedarme despierta de noche, me gusta el color celeste y el verde juntos y separados, me gusta mirar el sol y después no poder ver nada, escuchar, abrazar y reírme hasta llorar. Me gusta llorar cuando quiero hacerlo.
Me gusta escribir y sentir el aroma de los que pasan a lado mió, los animales, los bebes, hacer cosas de niños y también me gusta sentirme adulta. Me gusta quedarme en mi casa sola y las flores de color violeta. Me gusta conocer personas. Me gustan mis amigas y mis amigos, decir te quiero e ir al cine.
Me gusta adivinar los instrumentos en una canción y hablar con mi mamá. El olor que tenia mi abuela, lo suave que era su cama, el ruido que hacia cuando arrastraba sus pies al caminar y su jardín lleno de flores.
Me gusta tener largas charlas con Coco, me gustan cuando miran con dulzura a alguien, que se diviertan mis amigos y llorar otra vez si lo siento. Me gusta sentirme inteligente. Me gusta enamorarme y que nadie se entere. Me gusta perdonar y volver a querer, buscar razones para no irme y recordar cuando era niña. Me gusta el cielo sin nubes y el pasto recién cortado. Me gusta despeinar a los bien peinados.
Me gusta imaginar diálogos posibles y momentos oportunos. Me gusta  imaginar mi vida con una sola persona y el teatro romántico. Me gustan los parques en invierno y despertarme pensando que este día va a ser mejor que el de ayer, me gusta mi cabello corto y ser puntual (cosa que nunca pasa). Me gusta tratar de compartir todo lo que tengo y querer más de lo debido a las personas, saber que Dios me quiere y me gustaba que mi mama me haga el desayuno antes de ir a la escuela. Me gusta reírme y hacer reír, tratar de robar una sonrisa entre las lagrimas, ser amable y dar regalos. Me gusta sentirme viva, me gustan ciertas sonrisas más que otras, me gusta buscar la bondad en los ojos.
Me gustar amar y que me amen. Me gustan los tatuajes. Me gustan los niños con tierras en las manos y miradas traviesas, las personas que no le dan miedo el rechazo y más me gusta la gente tímida que se sonroja, saludar a extraños que no me conoces y que me devuelvan el saludos confundidos. Me gusta coleccionar fotos viejas, me gusta el té negro en las mañanas, me gusta dormir de día, me gusta el frío, el sol entre las nubes y los días lluviosos. Me gusta el sonido de una guitarra bien tocada y los tereres a la siesta. Me gusta cocinar, hablar sola y las carteras. Me gusta el olor a nuevo de los zapatos y los libros, y cuando la luna es gigante. Me gusta leer la última página de un libro que todavía no comencé a leer. Me gustan los chicos, pero me encantan los chicos con tatuajes. Me gusta la gente que tiene el cabello rojo y me gusta el mio de varios colores. Me gusta usar mis anteojos y el olor a café. Me gusta París de noche. Me gusta el chocolate y el ingles. Me gustan los británicos y australianos. 
Me gusta mirar las estrellas y saber que solo Dios puede crear todo lo que me gusta y me gusta agradecérselo una y otra vez.

jueves, 29 de agosto de 2013

Niños Enamorados

Éramos solo jóvenes frágiles,
Éramos niños raros,
Éramos niños torpes cayendo una y otra vez,
Solo éramos niños enamorados, frágiles y enamorados.

Buscando ser infinitos,
Aceptando el amor que creíamos merecer,
Éramos niños aburridos buscando que hacer, adictos a cualquier cosa que nos quitara el dolor,
Tomando malas decisiones esperando que algún día fueran buenas historias.
Creíamos que los corazones salvajes no podían ser rotos,
Sufrimos, y después aprendimos a amar otra vez.
El camino era largo pero nosotros solo seguimos.

Yo lloraba y tú decías “no llores, no te preocupes, bebe vodka y vuela conmigo”
Secando mis lagrimas te decía “Oh cariño seamos aventureros hoy.”
Estábamos enfermos y cansados de estar cansados y enfermos.
“A veces necesitas caer antes de poder volar” repetías una y otra vez.
“Si tu caes yo estaré ahí” te decía y continuaba nuestra espiral.

“Estas serán historias algún día” decías antes que la oscuridad nos tomara
“Pretendamos que es amor” te decía y todo volvía a comenzar.
“Las estrellas no brillan sin oscuridad” respondías.
Tú querías que fuera real y yo solo quería que todo terminara.

“Seamos jóvenes para siempre”, decías y yo solo sonreía.
“Llévame a casa”, y tú lo hacías.
“¿No quieres ser joven para siempre?” Preguntabas una y otra vez.
“Seámoslo solo esta noche”, te decía y te olvidabas.
Y así, yo te seguía hacia la oscuridad.

“Lo siento”, decías cada vez más seguido.
Y yo solo me perdía más y más en mi misma.
Oh querido solo éramos niños jugando a ser adultos,
Jugando a ser fuertes.
Solo éramos unos malditos adolescentes, no súper héroes.

“Tú crees que quieres morir”, me decías, “pero solo quieres ser salvada.”
“Sálvame entonces”, contestaba y simplemente me abrazabas.
“¿Es este el mejor momento de nuestras vidas? Porque de veras apesta”, te decía una y otra vez.
Tu solo reías y me decías “un momento dura solo segundos pero los recuerdos son para siempre”.

“No crezcas nunca, es una trampa” dijiste aquella horrible mañana.
Qué pequeño te veías con todo eso a tu alrededor, dependiendo de aquellas maquinas.
Lagrimas recorrían mi rostro mientras mi cerebro trababa de contestar.
Tu blanca mano limpiando mi rostro, tu frió inundando mi ardiente mejilla.
“¿Donde quieres estar ahora mismo?” pregunte entre sollozos
“¿Estarás allí?”
“Claro…”
“En cualquier lugar…”

Es difícil de creer que después de todo este tiempo me sigo sintiendo sola.
Te extraño inclusive cuando se que sigues aquí, y a veces  las palabras no son suficientes.
Tiene que haber una razón por la que sigo volviendo a ti.
Solo deseo abrazarte ahora mismo. Estoy acostada en silencio pensándote a gritos.
Y ahora entiendo porque Peter Pan no quería crecer.
Y ahora si lo sé, fue el mejor momento de nuestras vidas.
Éramos niños enamorados, frágiles y raros. Sufrimos pero fuimos felices.